11-01-2013

¿QUÉ HAY DE LO MIO, LO NUESTRO, ES ESPAÑA?

En los difíciles momentos que vive la economía española, el sector del automóvil ha dado continuas muestras de su compromiso con nuestro país. Los fabricantes instalados en España, a pesar de un entorno desfavorable, han tomado decisiones orientadas a hacer compatibles los niveles de actividad de las fábricas, un sostenimiento flexible y razonable del empleo, y mejoras de la competitividad que han evitado el fantasma de la deslocalización.

Nuestra industria del motor ha dado repetidas muestras de saber adaptarse a las circunstancias del entorno sin renunciar a su vocación de hacer de España una potencia mundial del sector gracias a su elevada capacidad de producción y su esfuerzo permanente en innovación para hacer coches más seguros, más eficientes y más respetuosos con el medio ambiente. Y es precisamente todo esto, lo que los fabricantes de automóviles ponemos al servicio de la sociedad española y al de nuestra economía para hacerla más dinámica.
Como anticipaba en el título de mi artículo, no es el momento del “¿qué hay de lo mío?” Lo mío, lo nuestro, es España. Es el momento de colaborar con el Gobierno de la Nación. Dejemos a un lado disputas partidistas o regionales. Empujemos todos en una misma dirección. En estos momentos de dificultad, debe imperar la solidaridad para que nuestro país aproveche las ventajas comparativas de las que todavía dispone y saquemos el potencial de desarrollo de España. Es el momento de la unión de sectores, medios de comunicación, clase política, sociedad, empresarios, sindicatos… en defensa de los intereses comunes.

La industria del automóvil apuesta por España y está dispuesta a asumir los sacrificios que le correspondan en esta etapa de importantes ajustes. Siempre hemos sido solidarios y responsables en nuestros compromisos. Y ahora, con mayor razón. Por eso, continuaremos insistiendo en las decisiones estratégicas que han hecho fuerte a la industria española del automóvil y que, estoy convencido, nos van a convertir en protagonistas privilegiados de los positivos cambios estructurales que se van a producir en la economía española. Lo que ha sido bueno para nuestro sector, lo será también para España. Los resultados, en mi opinión, no tardarán en apreciarse.

Los datos del primer informe de la recién nacida Anfac Research, una iniciativa para estimular el análisis del sector y de la economía, ilustran con claridad el compromiso de la industria con España y su importante papel de pionera en algunas de las grandes reformas estructurales que nuestro país está acometiendo. Por eso, los fabricantes de automóviles estamos en condiciones de compartir con el resto de la sociedad española y con el tejido empresarial nuestras experiencias más positivas, fruto de decisiones difíciles pero responsables, que han dado sus frutos. He aquí algunas de ellas:

- Creación de un modelo productivo y de relaciones laborales que funciona porque es flexible y competitivo, capaz de aglutinar profesionales altamente cualificados e internacionalmente valorados.

- El 90 por ciento de los contratos laborales en la industria del motor son fijos frente al 73 por ciento de media de la economía nacional. Consecuencia: el sector tiene empleo de calidad en mayor medida que el conjunto de la economía, incluso en tiempos de crisis. El contrato fijo supone “mejor calidad” porque implica menos rotación, más formación y, en suma, mayor productividad.

- La flexibilidad laboral pactada en la automoción española ha permitido mantener en las factorías índices de productividad real del 98 por ciento, muy similares a los previos a la crisis económica.

- El sector cuenta con un importante bagaje tecnológico del que se han beneficiado los sistemas de producción, la equipación de los automóviles y la calidad del medio ambiente. Los fabricantes apostamos por la innovación para ganar en competitividad -1.600 millones de euros invertidos en I+D+i- y seguir siendo líderes mundiales en la producción de coches.

Sin embargo, no conviene ignorar la zona más oscura de esta crisis para el sector del automóvil. No seriamos veraces si olvidásemos que la caída de las ventas en el mercado interno está afectando significativamente al volumen de producción, que la capacidad de fabricación de las plantas españolas está ahora claramente infrautilizada, y todo indica que seguirá bajando en los próximos meses, y que, como consecuencia de este alto grado de infrautilización, se están deteriorando los niveles de productividad. Estas tres realidades configuran un preocupante síndrome de vulnerabilidad, que se acentúa ante la previsible caída de la exportación y un mercado interior deprimido sobre el que pesará el nuevo endurecimiento fiscal.

No es la primera vez que en España y en otros países la industria del automóvil se enfrenta a situaciones de este tipo. En Estados Unidos, los fabricantes han vivido en los últimos años una profunda recesión de la que ahora se recuperan para volver a situar al sector del automóvil como lo que ha sido históricamente: una de las actividades capitales de la economía norteamericana.

Es el momento de volver a valores como el esfuerzo y el sacrificio de todos. No es hora de reproches, es hora de mostrar predisposición, de engrandecernos unos a otros y enterrar los sentimientos de sospecha, temor o recelo. Abandonemos esa sensación de pesimismo y frustración que impera en la sociedad actual. De esta podemos salir y lo haremos. Pueden contar con la industria del automóvil.

Publicado por Mario Armero

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